
El pasado 26 de junio con motivo de la supuesta celebración del Día Internacional de Lucha contra el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas y aunado la muerte de Michael Jackson, el presidente Felipe Calderón se aventuró a sentenciar: “No creer en Dios hace a la juventud esclava de narcos” la ineptitud de tal diagnóstico merece ser analizada.
La palabra creencia proviene del latín credentia a su vez derivado de credens -entis participio activo de credere, creer, creer a su vez es tener por cierta alguna cosa que la razón humana no alcanza o que no está comprobada o demostrada, otra definición podría ser dar firme asentimiento a las verdades reveladas por Dios y propuestas por la iglesia.
Por otro lado la creencia se instaura en el sujeto cuando el decir de otro ha sido respaldado o no por su acto, si el sujeto cree que si saca a pasear a la virgen a las calles para hacer que llueva y sucede que en los próximos días cae una llovizna, el paseo de la virgen mantendrá la creencia que la lluvia es efecto de su recorrido por las calles, de tal modo que la sugerencia del paseo encuentra en el acto de la lluvia el aval para construir y sustentar la creencia.
¿Cuál es la creencia que el Presidente intenta introducir entre los mexicanos? Independientemente de que cada quien es libre de creer en lo que guste, Felipe de Jesús intenta establecer la creencia de que Dios es el Ideal a seguir y que en caso de no tomarlo como tal recibirá el castigo de convertirse en esclavo de la droga.
Es decir, al vaticinar un castigo producido como efecto de no acatar el decir de la normas de Dios el Presidente intenta establecer su creencia relacionando su sentido común que le dicta: No creer en Dios = caer en las drogas pero ¿Por qué aceptar una creencia en la que se promueve que habrá un castigo por no creer en Dios, y si se cree en Visnú, en Mahoma o en Buda será preso de la droga? La creencia que sostiene que la existencia del saber verdadero está en el cielo, y que es otorgado por Dios recuerda la visión de la física aristotélica.
Según Alexandre Koyré la física aristotélica se caracteriza por el sentido común y por tanto cree en la existencia de “naturalezas” bien determinadas, así como en la creencia de un Cosmos, el aristotélico cree en la existencia de principios de orden en virtud de los cuales el conjunto de los entes forma un todo naturalmente bien ordenado, de tal modo que si todo es dado por Dios y solo nos toca contemplar el movimiento de su creación, esta creencia despoja al sujeto, no al ente, de la libertad de moverse, de producir un acto, no es hasta la llegada de Galileo quien se atreve lanzar cuestionamientos al Cosmos lleno de sentido común e intocable dado que se trataba de la obra divina.
No se trata de debatir la creencia de Dios, el diagnostico hecho por Calderón es lo que debe preocupar, el modo en que su determino se esfuerza por marcar la tendencia de una filosofía antigua en la que el cuestionamiento es imposible a causa del sentido común. La mirada de Calderón está colocada en el cielo, donde articula un saber verdadero indiscutible que cierra el cuestionamiento que pueda producir un acto subjetivo, capaz de crear algo mas que no sea la contemplación de la creencia de los colores azul y blanco




