
Es innegable que la posmodernidad no deja de invadir a la sociedad con Todo lo necesario para la vida, pareciera que el sujeto debe estar rodeado de raseros y de supuestas garantías que le hagan creer en una llevadera existencia y así intentar pasar por inadvertido el insoportable tedio de la vida. Estar completo, carecer de falta, es el ideal que inyecta a cada día la urgencia por alcanzar la insolente modernidad.
Para dicha tarea la sociedad se permite crear garantes, avales, ideales que a manera de pantalla intenten dar un sentido a la vida del sujeto, los ideales a seguir, aseguradores de la felicidad y ahuyentadores de malestares se pueden corroborar a través de figuras como El Maestro, La Educadora, El Psicólogo, La Familia; es decir Ideales que aparecen como un Otro social cuyo cometido es proporcionar al sujeto El Sentido que sostiene La Verdad. Sin embargo este tipo de Verdades prometedoras de prosperidad no pueden dejar de crear cierto dogmatismo ya que al situarse como Verdaderas obstruyen en buena medida la interrogante que el sujeto debe hacerse por su existencia, aquella pregunta que asusta, pues tan solo uno mismo la puede llegar a resolver, y que por tanto, normalmente se prefiere tomar alguna Verdad como estandarte que ayude a obstruir a responsabilizarse del deseo propio. Dentro del llamado Otro social hacedor de La Felicidad no se excluye El Cristianismo el cual ha crecido al paso del tiempo con autonomía instalándose en diversas culturas cautivando a las masas en busca del orden moral y político.
La necesidad del hombre por abrazar una religión va del lado de creer que existe algún ser superior que de sentido a su existir, de tal manera que lo consagra como su Ideal, es así que ante este sublime Amo podrá moldear sus conductas, así como tener el referente de lo que se debe considerar como bueno, como malo; sin embarguen el cristianismo dicho encumbramiento no existe propiamente, ya que el mensaje que el Ideal envía es: Puedes entregarte a tus deseos y gozar, ¡yo cargo el precio en mis espaldas! De tal forma que el cristianismo lejos de ser la religión del sacrificio, de la renuncia a placeres terrenales ofrece una compleja oportunidad para abandonarnos a nuestro deseo sin tener que pagar por ellos.
El cristianismo es la religión del sacrificio, pero del sacrificio fingido, la que sacrifica, sí, pero para engañar, ya quien se sacrifica lo hace sabiendo que al final de cuentas ganará
¿Y qué obtendrá? El privilegio de situarse como quien posee La Verdad, y que por lo tanto se ha de convertir en el Otro social quien modula la convivencia entre sus feligreses.
Sus fieles aprenden que la obligación será acatar las reglas de la religión del Otro social para así, poder ser aceptados, sin embargo a la vez saben que este Otro goza por sacrificarse para pagar el precio de sus faltas, por consiguiente el católico podrá obedecer sus reglas, y por otro lado entregarse a sus placeres, sin embargo, como uno debe gozar como si no estuviera gozando.
La paradójica trampa de la iglesia católica se vivió en días pasados en la catedral mexicana, quienes aprovechando su posición de Otro social, hizo sonar la voz del Absoluto que ansia ser para el pueblo mexicano; su llamado a misa es el clamor del Cardenal Rivera quien insiste en ser el garante de La Verdad para el país, solo siendo el dador de tal Veracidad, puede lograr sacrificarse por los demás ya que tal acción le da oportunidad de abandonase a sus placeres
¿Qué sucedería si Jesucristo se encontrara con Norberto? Seguramente la idea de su iglesia distaría mucho de lo hecho por el cardenal, bien podría cuestionar su fallida posición de infalible que tantos beneficios le reditúa, o quizás Rivera lo desconocería y fuera esculcado antes de poder entrar a su iglesia.
Para dicha tarea la sociedad se permite crear garantes, avales, ideales que a manera de pantalla intenten dar un sentido a la vida del sujeto, los ideales a seguir, aseguradores de la felicidad y ahuyentadores de malestares se pueden corroborar a través de figuras como El Maestro, La Educadora, El Psicólogo, La Familia; es decir Ideales que aparecen como un Otro social cuyo cometido es proporcionar al sujeto El Sentido que sostiene La Verdad. Sin embargo este tipo de Verdades prometedoras de prosperidad no pueden dejar de crear cierto dogmatismo ya que al situarse como Verdaderas obstruyen en buena medida la interrogante que el sujeto debe hacerse por su existencia, aquella pregunta que asusta, pues tan solo uno mismo la puede llegar a resolver, y que por tanto, normalmente se prefiere tomar alguna Verdad como estandarte que ayude a obstruir a responsabilizarse del deseo propio. Dentro del llamado Otro social hacedor de La Felicidad no se excluye El Cristianismo el cual ha crecido al paso del tiempo con autonomía instalándose en diversas culturas cautivando a las masas en busca del orden moral y político.
La necesidad del hombre por abrazar una religión va del lado de creer que existe algún ser superior que de sentido a su existir, de tal manera que lo consagra como su Ideal, es así que ante este sublime Amo podrá moldear sus conductas, así como tener el referente de lo que se debe considerar como bueno, como malo; sin embarguen el cristianismo dicho encumbramiento no existe propiamente, ya que el mensaje que el Ideal envía es: Puedes entregarte a tus deseos y gozar, ¡yo cargo el precio en mis espaldas! De tal forma que el cristianismo lejos de ser la religión del sacrificio, de la renuncia a placeres terrenales ofrece una compleja oportunidad para abandonarnos a nuestro deseo sin tener que pagar por ellos.
El cristianismo es la religión del sacrificio, pero del sacrificio fingido, la que sacrifica, sí, pero para engañar, ya quien se sacrifica lo hace sabiendo que al final de cuentas ganará
¿Y qué obtendrá? El privilegio de situarse como quien posee La Verdad, y que por lo tanto se ha de convertir en el Otro social quien modula la convivencia entre sus feligreses.
Sus fieles aprenden que la obligación será acatar las reglas de la religión del Otro social para así, poder ser aceptados, sin embargo a la vez saben que este Otro goza por sacrificarse para pagar el precio de sus faltas, por consiguiente el católico podrá obedecer sus reglas, y por otro lado entregarse a sus placeres, sin embargo, como uno debe gozar como si no estuviera gozando.
La paradójica trampa de la iglesia católica se vivió en días pasados en la catedral mexicana, quienes aprovechando su posición de Otro social, hizo sonar la voz del Absoluto que ansia ser para el pueblo mexicano; su llamado a misa es el clamor del Cardenal Rivera quien insiste en ser el garante de La Verdad para el país, solo siendo el dador de tal Veracidad, puede lograr sacrificarse por los demás ya que tal acción le da oportunidad de abandonase a sus placeres
¿Qué sucedería si Jesucristo se encontrara con Norberto? Seguramente la idea de su iglesia distaría mucho de lo hecho por el cardenal, bien podría cuestionar su fallida posición de infalible que tantos beneficios le reditúa, o quizás Rivera lo desconocería y fuera esculcado antes de poder entrar a su iglesia.
1 comentarios:
Pobre Jesucristo, me cae que ante tales personajes, hubiera preferido mejor no sacrificarse. Yo lo hubiera hecho jaja.
Pues por eso algunos andamos un poco errantes en ese sentido que nos platicas, pues nos tocó bailar con la más fea.
Pobre México, tan lejos del cielo y tan cerquita del cardenal Norberto Rivera
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