domingo, 16 de diciembre de 2007

¿ error, mentira o secreto ?


Es preciso aceptar que el discurso del sujeto es mentiroso por naturaleza, ya que el hecho de aprender a comunicarse es equivalente a poder representar una cosa por otra, sin embargo aunque esto sea así, no significa que los decires que lleguemos a pronunciar no vayan a corresponder con nuestras acciones, esa coherencia entre decir y acción es la que a la larga va proveyendo la palabra del sujeto de veracidad y a su vez de autoridad.


El francés Jacques Derrida en su Historia de la mentira: Prolegómenos, afirma que mentir quiere decir engañar intencionalmente a otro, en conciencia, sabiendo lo que se oculta deliberadamente, por ende, sin mentirse a sí mismo. El sí mismo, al menos si la expresión tiene sentido, excluye la mentira a sí mismo; igualmente afirma que se ha confundido la historia de la mentira con la historia del error lo cual nos permite descomponer lo verdadero de lo veraz, lo falso de lo mentiroso. Es posible perfectamente proponer un enunciado falso porque creo en él, por consiguiente, con la sincera intención de decir la verdad, y no se me puede acusar de mentir sin más porque lo que digo es falso; en cambio, si digo algo que es verdadero sin pensarlo o bien con la intención de confundir al que me está escuchando, miento. Para Derrida se falta a la verdad cuando se dice algo distinto de lo que se piensa. Faltar a la verdad supone una intención de engañar al otro, de confundirle. Por lo tanto, la mentira implica la intención de engañar.

Si esto es así, ¿De que lado de la historia está el exconsejero del IFE Luis Carlos Ugalde? Pues es evidente que su decir deja una inflexión de autoridad así como la herencia de una grave querella de credibilidad al Instituto que presidió.

La incongruencia de la declaración de LCG “Si me echan es aceptar que hubo fraude en las elecciones de 2006", pretende con urgencia ser convertida en congruente para que el Consejo General del IFE apresure su remoción ya que ahí tiene un culpable confeso de las fallas del sistema electoral, tiene ahí pues una acción que concuerda con el imprudente decir del exconsejero. Ahora bien, el decir de Ugalde, según Derrida ¿corresponde a una historia de la mentira, existe una intención de engañar al otro o corresponde a la historia del error?

Las palabras de LCG se llenan de verdad al afirmar que tiene la conciencia tranquila, sin embargo, la verdad no es el contrario de mentir, bien puede llenarse la boca de su verdad, pero para muchos, su decir carece de veracidad; Ugalde no tiene en este sentido autoridad ya que se debate ante la oposición que no ha dejado de lanzar buscapiés -grabaciones de llamadas telefónicas, guerras sucias, encuestas cuestionadas, documentales, anuncios sospechosos que no declaran un óptimo ganador y demás granitos de arena- ponen en duda la verdad que intenta sustentar.


Es por eso que la legalidad y la transparencia no alcanzan a sonar veraces, y ante esto desea lavar su imagen arguyendo a su conciencia tranquila, cosa que al mexicano no interesa, tal parece que Ugalde olvida que como servidor público, sus declaración son igualmente publicas y estas a su vez afectan lo privado, pero él, preocupado en la defensa de una verdad de Estado no alcanza a darse cuenta que a partir del dos de julio de 2006 la gente no quiere oír la empecinada verdad sino la admisión de la falibilidad de un sistema, admitiendo ya no la mentira sino la historia del error; esto es simple, todo sistema debe presenta una fuerte dimensión de la falta, de no ser admitida en este caso, la mentira y el error quedan atrás, dando lugar a lo que Derrida llamaba la teoría del secreto que abarca de una sociedad con secretos cuya estructura permite que una conspiración a pleno día no sea una contradicción in adjecto.
Al respecto Hanna Arendt afirma que, hoy en día, que se ha expandido el fenómeno que conspiración a plena luz: antes se mentía allí donde los ciudadanos no sabían, porque no podían saber; hoy se miente a los ciudadanos allí donde, en principio, pueden saberlo todo. Hoy existe, por consiguiente, una especie de exposición absoluta en la mentira.
Arendt afirma también que el mentiroso es un hombre de acción y el exconsejero; Ugalde es todo un fiel a la teoría de Arendt pues ha declarado verazmente que se dedicará ahora a dictar clases y a escribir un par de libros donde no se cansará de reescribir la verdad, de ratificar la infalibilidad del sistema electoral y a proteger el secreto histórico de Estado.
El siguiente consejero presidente tiene una ardua tarea, reestablecer la dañada confiabilidad del IFE así como actuar en correspondencia a su decir para construir una nueva autoridad, pero antes de intentarlo, podrá bien comenzar por hacer una pública disculpa en relación a los errores de Luis Carlos Ugalde, si es que pretende recuperar parte de la credibilidad de la gente.