
Y tal como la campaña de Felipe Calderón rumbo a la presidencia fue todo un éxito hasta llegar a ser el indiscutible ganador, la campaña apertura ‘07 de los potros de hierro del Atlante fue igualmente de campeonato, queda así ampliamente justificado que el gobierno de Félix González Canto haya preferido invertir en la construcción del estadio de Quintana Roo, el cual se construyó en tiempo récord de 80 días y no así en su necesitado hospital general.
Es evidente que ante la visita de los azulgranas, Calderón intenta igualarse al campeón, al equipo que a través del buen trabajo de conjunto llegó a la cima, sin embargo Fecal está lejos de ser visto como triunfador, lo que él pretende hacer es montar una hegemonía democrática en donde se afana por trasmitir el mensaje del “si se puede” del “jalar parejo” frases vigorosas, tan entusiastamente pegajosas como peligrosas pues llegan a ser capaces de elevarse a nivel de una falsa idealización encarnadas por el vacío del pueblo.
El Sr. Presidente pone a un equipo de futbol como cándido ejemplo de su política positivista, quiere hacer creer que un equipo campeón debe funcionar a la manera de un país, y así de este modo inyectar al país ensueños que apuntan a esa hegemonía democrática que engaña, pues la supuesta idea del ser iguales no es mas que una trampa liberal que aboga por la falsa idea de la ayuda humanitaria, tomar todo lo bueno y combatir lo malo.
En toda democracia siempre existe una exclusión, sin embargo Felipe aparenta simpatizar con todos los equipos, hace como si él juntara a todos en su juego de la hegemonía democrática, "Me la voy a poner, (la playera del Atlante) porque ya me he puesto otras, si no van a decir que qué gacho”
Calderón se regodea con el campeón del balompié mexicano, se pone su casaca, y los alienta a seguir jugando de la manera que los llevó a coronarse preconizando la solidaridad de equipo, sin embargo el juego del gobierno federal es sucio, ya que en la cancha de Los Pinos al recibir a sus invitados juega al “todos somos iguales”, pero en los vestidores aboga por una política que tan solo favorece a los suyos. La ruptura de las reglas es lo que define su juego.
Es evidente que ante la visita de los azulgranas, Calderón intenta igualarse al campeón, al equipo que a través del buen trabajo de conjunto llegó a la cima, sin embargo Fecal está lejos de ser visto como triunfador, lo que él pretende hacer es montar una hegemonía democrática en donde se afana por trasmitir el mensaje del “si se puede” del “jalar parejo” frases vigorosas, tan entusiastamente pegajosas como peligrosas pues llegan a ser capaces de elevarse a nivel de una falsa idealización encarnadas por el vacío del pueblo.
El Sr. Presidente pone a un equipo de futbol como cándido ejemplo de su política positivista, quiere hacer creer que un equipo campeón debe funcionar a la manera de un país, y así de este modo inyectar al país ensueños que apuntan a esa hegemonía democrática que engaña, pues la supuesta idea del ser iguales no es mas que una trampa liberal que aboga por la falsa idea de la ayuda humanitaria, tomar todo lo bueno y combatir lo malo.
En toda democracia siempre existe una exclusión, sin embargo Felipe aparenta simpatizar con todos los equipos, hace como si él juntara a todos en su juego de la hegemonía democrática, "Me la voy a poner, (la playera del Atlante) porque ya me he puesto otras, si no van a decir que qué gacho”
Calderón se regodea con el campeón del balompié mexicano, se pone su casaca, y los alienta a seguir jugando de la manera que los llevó a coronarse preconizando la solidaridad de equipo, sin embargo el juego del gobierno federal es sucio, ya que en la cancha de Los Pinos al recibir a sus invitados juega al “todos somos iguales”, pero en los vestidores aboga por una política que tan solo favorece a los suyos. La ruptura de las reglas es lo que define su juego.
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