
¿Qué clase de ley se transmite de una generación a otra? ¿Existe una evolución en la herencia de la ley al paso del tiempo? ¿Qué es ser un padre en nuestros días? No son estas preguntas que se puede responder sin librarnos de la inquietante modernidad en la que hoy nos toca vivir: apertura civil al lazo homosexual, nuevas organizaciones en la familia donde la monogamia ha perdido terreno, caóticas relaciones sostenidas por una sórdida violencia o bien sostenidas por los cables del Internet, avances genéticos del nuevo siglo, donde un hijo puede concebirse sin partenaire, sin un hombre, un hijo que no es efecto de una historia de amor, ya sea feliz o desdichada, hijo como efecto de un avance técnico, bancos de células genésicas anónimas, sin historia. ¿Qué herencia transmitirá el padre ¿Es válido continuar fantaseado con la reivindicación de la familia tradicional sostenida por un padre fuerte y respetado?
Un escenario que refleja la declinación paterna se encuentra en la iglesia católica, dicha organización no puede dejar de resentir el declive de la figura paterna, ya que su doctrina se encuentra edificada entorno a un Padre Primordial, a Dios con quien se debe crear un pacto, tras haberlo ofendido en el origen, a quien se le ha crucificado es a causa de su muerte que ha adquirido su poder, los fieles al cristianismo se inscriben a su ley ya que atraviesan por un avasallador sentimiento de culpa que les impulsa a resarcir el pacto con el Padre Santificado.
Sin embargo, ¿Qué pasa, cuando el representante de una congregación tal como los Legionarios de Cristo, el hoy fallecido Marcial Maciel cayó en la tentación y ha contravenido los preceptos de su religión? ¿Tenemos acaso aquí el ejemplo de la decadencia de un Padre? Ya que el fundador de los Legionarios es un representante de la ley que impone su decir, cuando el no acata una de las normas a la que debería sujetarse; es de esta manera como Marcial Maciel abusaba de sus adorados querubines diciéndoles algunas veces que tenía le permiso del Papa XII para realizar actos sexuales con ellos a fin de obtener alivio, de un dolor relacionado con un problema estomacal no especificado; ¿Qué tenemos aquí? Un decir, un decir proveniente de una gran autoridad, de un representante de una congregación religiosa, que además incluye en su decir el aval de otra gran autoridad como lo es la de un Papa. ¿Qué puede pensar un chico de entre 10 y 16 años cuando su abuso sexual está siendo autorizado por el decir de los representantes de la palabra de Cristo? Y mas aun, al percatarse que aquel quien abusa no recibe un castigo, sino por el contrario es respetado por todo su séquito.
El caso fue aparentemente concluido por fin por Bendedicto XVI, pues El Vaticano resolvió que Marcial Maciel es culpable de abuso sexual contra menores. Ante ello, la Congregación para la Doctrina de la Fe le aplicó, en abril pasado, la máxima suspensión canónica a divinis, con lo cual se le impide realizar funciones sacerdotales en público. En pocas palabras, lo reduce a laico, y con esto cierra el caso en su contra.
Tenemos pues en Benedicto XVI un Padre, un representante de Cristo, que con su decir viene a mandar un mensaje que intenta rescatar la credibilidad de la Iglesia Católica; uno de los temores de darle sentencia al caso Marcial Maciel era empañar la reputación del ya fallecido Juan Pablo II, sin embargo, la iglesia ha elegido, castigar lo hecho por este pederasta religioso de tal forma que Benedicto XVI a su vez actúe como un Padre que viene a redimir lo (no) hecho por el Padre anterior Juan Pablo II.
Pero realmente la Iglesia Católica no castiga , pues no toma dichos actos como delitos, no, sino que a Marcial Maciel le invitaron a llevar una vida reservada de oración y penitencia, renunciando a todo ministerio público. En la práctica cotidiana de todas y cada una de las diócesis sucede los siguiente: un clérigo que por ejemplo haya violado a un menor –en el caso de que delito no hubiere prescrito por haber transcurrido demasiado tiempo desde su comisión y siempre tras un largo y privado proceso -, si resulta condenado, no podrá recibir del tribunal eclesiástico católico más castigo penal que una amonestación y/u otras penas expiatorias que priven a un fiel de algún bien espiritual o temporal, y estén en conformidad con el fin sobrenatural de la iglesia , es eso uno mera penitencia moral sin relevancia civil, realizadas siempre en privado a fin de que siga permaneciendo oculta, la comisión de un delito que fue efectuado de igual modo. De tal modo que en estos casos el trasgresor de la ley por su condición clerical está exento de enfrentar un procedimiento penal, es tan solo sometido a una dócil corrección fraterna, que se resumen en un mero paliativo que de buena manera enmienda su delito.
¿Que lugar viene a ocupar este padre que invierte la ley y que incluso su propia organización lo protege ante sus violaciones, tomándolas tan solo como pecados? ¿Es esta la ideología del fundador de una congregación política mas que religiosa? Es indudable que Los Legionarios de Cristo tienen hoy tantos vínculos políticos, ¿acaso su objetivo es convertir a México en una República católica? Mediante su filosofía dulzona, ramplona que apuesta por cambiar el corazoncito de los mexicanos.
Ante el declive de la ley es por tanto válido y necesario preguntarnos ¿a que autoridades nos encomendamos? ¿Cuál es el decir de estos autores que legitiman la ley? Solo así tendremos oportunidad a preguntarnos si Padre, como representante de la ley nos ha abandonado.
Un escenario que refleja la declinación paterna se encuentra en la iglesia católica, dicha organización no puede dejar de resentir el declive de la figura paterna, ya que su doctrina se encuentra edificada entorno a un Padre Primordial, a Dios con quien se debe crear un pacto, tras haberlo ofendido en el origen, a quien se le ha crucificado es a causa de su muerte que ha adquirido su poder, los fieles al cristianismo se inscriben a su ley ya que atraviesan por un avasallador sentimiento de culpa que les impulsa a resarcir el pacto con el Padre Santificado.
Sin embargo, ¿Qué pasa, cuando el representante de una congregación tal como los Legionarios de Cristo, el hoy fallecido Marcial Maciel cayó en la tentación y ha contravenido los preceptos de su religión? ¿Tenemos acaso aquí el ejemplo de la decadencia de un Padre? Ya que el fundador de los Legionarios es un representante de la ley que impone su decir, cuando el no acata una de las normas a la que debería sujetarse; es de esta manera como Marcial Maciel abusaba de sus adorados querubines diciéndoles algunas veces que tenía le permiso del Papa XII para realizar actos sexuales con ellos a fin de obtener alivio, de un dolor relacionado con un problema estomacal no especificado; ¿Qué tenemos aquí? Un decir, un decir proveniente de una gran autoridad, de un representante de una congregación religiosa, que además incluye en su decir el aval de otra gran autoridad como lo es la de un Papa. ¿Qué puede pensar un chico de entre 10 y 16 años cuando su abuso sexual está siendo autorizado por el decir de los representantes de la palabra de Cristo? Y mas aun, al percatarse que aquel quien abusa no recibe un castigo, sino por el contrario es respetado por todo su séquito.
El caso fue aparentemente concluido por fin por Bendedicto XVI, pues El Vaticano resolvió que Marcial Maciel es culpable de abuso sexual contra menores. Ante ello, la Congregación para la Doctrina de la Fe le aplicó, en abril pasado, la máxima suspensión canónica a divinis, con lo cual se le impide realizar funciones sacerdotales en público. En pocas palabras, lo reduce a laico, y con esto cierra el caso en su contra.
Tenemos pues en Benedicto XVI un Padre, un representante de Cristo, que con su decir viene a mandar un mensaje que intenta rescatar la credibilidad de la Iglesia Católica; uno de los temores de darle sentencia al caso Marcial Maciel era empañar la reputación del ya fallecido Juan Pablo II, sin embargo, la iglesia ha elegido, castigar lo hecho por este pederasta religioso de tal forma que Benedicto XVI a su vez actúe como un Padre que viene a redimir lo (no) hecho por el Padre anterior Juan Pablo II.
Pero realmente la Iglesia Católica no castiga , pues no toma dichos actos como delitos, no, sino que a Marcial Maciel le invitaron a llevar una vida reservada de oración y penitencia, renunciando a todo ministerio público. En la práctica cotidiana de todas y cada una de las diócesis sucede los siguiente: un clérigo que por ejemplo haya violado a un menor –en el caso de que delito no hubiere prescrito por haber transcurrido demasiado tiempo desde su comisión y siempre tras un largo y privado proceso -, si resulta condenado, no podrá recibir del tribunal eclesiástico católico más castigo penal que una amonestación y/u otras penas expiatorias que priven a un fiel de algún bien espiritual o temporal, y estén en conformidad con el fin sobrenatural de la iglesia , es eso uno mera penitencia moral sin relevancia civil, realizadas siempre en privado a fin de que siga permaneciendo oculta, la comisión de un delito que fue efectuado de igual modo. De tal modo que en estos casos el trasgresor de la ley por su condición clerical está exento de enfrentar un procedimiento penal, es tan solo sometido a una dócil corrección fraterna, que se resumen en un mero paliativo que de buena manera enmienda su delito.
¿Que lugar viene a ocupar este padre que invierte la ley y que incluso su propia organización lo protege ante sus violaciones, tomándolas tan solo como pecados? ¿Es esta la ideología del fundador de una congregación política mas que religiosa? Es indudable que Los Legionarios de Cristo tienen hoy tantos vínculos políticos, ¿acaso su objetivo es convertir a México en una República católica? Mediante su filosofía dulzona, ramplona que apuesta por cambiar el corazoncito de los mexicanos.
Ante el declive de la ley es por tanto válido y necesario preguntarnos ¿a que autoridades nos encomendamos? ¿Cuál es el decir de estos autores que legitiman la ley? Solo así tendremos oportunidad a preguntarnos si Padre, como representante de la ley nos ha abandonado.
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