miércoles 9 de julio de 2008

El encierro del Toro

El Chupinazo ha dado inicio, o mas bien continuidad al acostumbrado encierro de las fiestas de San Fermín, el cual consiste como es bien sabido en una carrera de unos 800 metros delante de los toros y que culmina en la plaza de toros; dicha corrida tiene sus orígenes en la Edad Media, debido a los pastores navarros que traían a los toros de lidia desde los campos de La Ribera de Navarra hasta la plaza mayor ya que no existía una plaza de toros, la noche anterior a la corrida la pasaban acampados cerca de la ciudad, y al amanecer, entraban a la carrera arropados por los toros mansos y acompañados de gente que, a caballo o a pie, ayudaba con palos y gritos a encerrarlos en los corrales. Con el tiempo, a finales del siglo XIX, se pasó de correr detrás de ellos para ayudar a encerrarlos, a correr delante y convertirse en costumbre popular. Y aunque sea una fiesta de origen ibérico, cada sujeto no escapa a la costumbre de correr una y otra vez las vueltas a las que lo empuja el toro de su encierro.

La topología presenta otro acepción del concepto de –Toro– Se llama así a la superficie de revolución engendrada por la rotación de una circunferencia en torno a un eje que no la toque en ninguno de sus puntos; este toro a manera de neumático cuenta con un exterior el cual no es mas que el agujero que bordea la parte interior del toro, el relleno de este interior esta repleto de vueltas que se dan alrededor de la circunferencia del toro, sin embargo al completar la serie de vueltas que hacen la figura de neumático, se olvida de contar una vuelta que es la que se da al mismo tiempo sobre el agujero que circunda el exterior del toro. Al respecto Lacan afirma que la vuelta que se escapa es la del deseo, del deseo no se puede saber, sino que permanece velado, es en el agujero donde se sostiene el objeto del deseo “...el deseo debe incluir en él ese vacío, ese agujero interno especificado en esa relación a la ley original”

El corredor de los encierros de San Fermín se ubica en el interior del recorrido y canta: "A San Fermín pedimos, por ser nuestro patrón, nos guíe en el encierro, dándonos su bendición ¡Viva San Fermín! ¡Gora San Fermín!" la aventura de su recorrido lo empuja a dar cuenta de lo demandado por la ley del Padre a quien se le canta, sin embargo su recorrido se corta en la plaza de toros, es decir desemboca sobre la figura misma de toro topológico; cuando sale de las estrechas calles del interior y parece se ha librado de los toros, paradójicamente llega al agujero, al exterior del toro, última vuelta donde no cuenta con su deseo, a los corredores incluso se les recomienda al llegar a la plaza no correr hacia el centro, deben abrirse en abanico y buscar el amparo del burladero a ambos lados de la plaza, así como dejar el hueco libre, esta recomendación de pegarse hacia los lados, va en el sentido de no identificarse con el agujero topológico, desatender su última vuelta que causa no encontrarse con el abismo de su deseo.



El sujeto articula su deseo en la sucesión de las diversas vueltas que ha dado su demanda, bordea al agujero central, plaza de toros, pero con la recomendación de no cruzar por esta, solamente por la serie de demandas llega a articular lo que cree desear, sin llegar a saber cuál es su deseo subyacente; el corredor que se atreve a ubicarse en el centro de la plaza, se arriesga a la mortal cornada del toro, así como a caer al exterior del toro, al infierno de su deseo agujerado

1 comentarios:

Fernanda dijo...

FASCINANTE ... LO ENCONTRÉ EXQUISITO.