Del escritor Neil Gaiman, dirigida por Henry Selick surge de la tercera dimensión Coraline, la ominosa historia de una niña quien recién se acaba de mudar a un cotidiano mundo plagado de una gris normalidad, esta tan apacible tranquilidad es la que lleva a Coraline a buscar un seguro de supervivencia lo que la lleva a asomarse a la alteridad de un Otro mundo donde si bien parece por momentos recuperar el paraíso perdido, el precio de su descubrimiento será el advenimiento del peligro vital: La angustia
Lacan afirma que si bien Freud designa la angustia como señal, no le alcanza a advertir que es lo que señala la angustia.
Das-: artículo definido para palabras neutras.
Un-: prefijo de negación, aproximadamente equivalente a des, o in en español, tal como el in en español, también puede cumplir una función aumentativa, por ejemplo en el caso de increíble.
Heim-: correspondiente a la palabra hogar, casa. Heim a su vez proviene de la raíz indoeuropea kei que significa estar acostado que indicaba el lugar donde se instala, campamento etc. En gótico adquirió la forma haims aldea, en el antiguo y alto alemán medio aparece ya bajo la forma de heim.
Lich-: sufijo de adjetivación aproximadamente equivalente a ble u oso en español.
De tal modo que lo ominooso, das unheimliche tiene que ver con la sensación de que aquello que es familiar adquiere un carácter de extraño, Luiz Alberto Hans en su libro de términos alemanes en la obra de Freud señala que lo secreto y oculto puede tornarse escondido, furtivo para aquel que es excluido de lo que se guarda en el hogar , por su parte el filósofo alemán Friederich Schelling comenta que lo unheimliche es todo lo que estando destinado a permanecer en lo secreto, en lo oculto ha salido a la luz, dicho aporte permite avanzar mas a lo ominoso en el psicoanálisis ya que este fenómeno de lo ominoso Freud lo va a equiparar con la aparición de la figura del doble que crea angustia de súbito, aquellos momentos en que el sujeto se encuentra con otro yo, con un doble, alguien igual remite a una sensación de gran familiaridad, pero a su vez tanta familiaridad remite a la angustia.
Coraline encuentra harta de su acostumbrado hogar encuentra la puerta que la llevará a una dichosa familia donde todo marcha como a ella le gustaría, donde para sus padres es el centro de atención, sin embargo estos padres quienes por ojos tienen cosidos un par de botones no son mas que el representante del autómata que da también esa sensación ominosa de que son seres animados, pero desanimados, ya que no hay mirada que pueda hacer contacto visual con otro, los otros padres es el Otro con el que de súbito se encuentra Coraline, en un hogar donde todo es perfectamente extraño y que va provocando un nivel de angustia pues su misión es paralizarla colmando todo su deseo.
El sujeto neurótico se constituye dentro de un mundo simbólico gracias a que el Otro le ha velado su deseo lo que lo ubica en una posición de sujeto deseante, es decir que acepta su falta para así poder acercarse a otros objetos que lo mantendrán deseando, aunque nunca lleguen a satisfacerlo del todo, esa falta que no deja de circular por el sujeto, es lo que le da su estatus de sujeto. En Coraline no sucede esto, y desde que recibe esa a quien llama yo pequeña y se convierte en un significante mas de lo ominoso, está ya la puerta abierta a ver y no ver, es decir a descubrir Otro mundo donde todo es excesivamente maravilloso pero a la vez un mundo en el que el Otro se presenta como quien da todo terroríficamente, el dar todo es no dejar espacio a la falta, y la falta de la falta es lo que lleva al encuentro con la angustia, con aquel exceso de ciego placer, el encuentro con el Otro le pide que se cosa los ojos, ya que este sería asegurar el no saber, y si bien aunque Freud planteaba la existencia de una pulsión del saber, para Lacan lo que hay es un horror al saber, claro que el sujeto ama el saber, pero de lo que tiene horror es de enterarse de su propia historia de la que está confeccionado, Coraline no quiere saber sobre su verdadera casa, sobre sus verdaderos padres, pero el sobreponer botones a sus ojos la llevaría al gozo total, que obturaría por completo su posición de sujeto deseante, tener todo equivale ya a ser nada.
El sujeto neurótico se constituye dentro de un mundo simbólico gracias a que el Otro le ha velado su deseo lo que lo ubica en una posición de sujeto deseante, es decir que acepta su falta para así poder acercarse a otros objetos que lo mantendrán deseando, aunque nunca lleguen a satisfacerlo del todo, esa falta que no deja de circular por el sujeto, es lo que le da su estatus de sujeto. En Coraline no sucede esto, y desde que recibe esa a quien llama yo pequeña y se convierte en un significante mas de lo ominoso, está ya la puerta abierta a ver y no ver, es decir a descubrir Otro mundo donde todo es excesivamente maravilloso pero a la vez un mundo en el que el Otro se presenta como quien da todo terroríficamente, el dar todo es no dejar espacio a la falta, y la falta de la falta es lo que lleva al encuentro con la angustia, con aquel exceso de ciego placer, el encuentro con el Otro le pide que se cosa los ojos, ya que este sería asegurar el no saber, y si bien aunque Freud planteaba la existencia de una pulsión del saber, para Lacan lo que hay es un horror al saber, claro que el sujeto ama el saber, pero de lo que tiene horror es de enterarse de su propia historia de la que está confeccionado, Coraline no quiere saber sobre su verdadera casa, sobre sus verdaderos padres, pero el sobreponer botones a sus ojos la llevaría al gozo total, que obturaría por completo su posición de sujeto deseante, tener todo equivale ya a ser nada.
Tanto el gato, como su amigo Wybie juegan para Coraline un papel crucial, ya que ejercen una función en tanto que la colocan como sujeto, ya que estos le hablan, le hacen señalamientos, intervienen a manera de analista, le posibilitan a entrar en una dialéctica que le permite moverse no en un terreno no de gozo, sino que le permite a través de su discurso desafiar al Otro en un juego donde lo empujará a partirse, a renunciar a su completad, hay que señalar que el artefacto que le ayuda a recuperar los ojos de los niños perdidos, es un objeto agujerado, con un hoyo en su centro, es la falta lo que ayuda a recuperar las historias de las que el Otro se ha apropiado.
Lo que Freud no alcanzó a dilucidar, según Lacan, es que la angustia señala el peligro de que el Otro aparezca, efectivamente la angustia no engaña, se siente, es un afecto, pero señala la nada. Después de tan ominosa experiencia Coraline habrá entendido que si bien no se llega a saber del todo que objeto se es para el Otro, es preferible tenerlo como velado a encontrarse con el horror de lo familiar que asfixia con la nulificante totalidad

3 comentarios:
Estudias psicologia o sos psicologo?
=O
Es muy interesante lo que escribis :)
Saludos de parte de una estudiante ^^
Lo agregué :D
Pero nunca se conecta =(
Espero actualización de su blog ^^
Saludos!
Ese toro, Bueno, sabes que nunca he entendido del todo esas posturas psicoanalíticas que tomas para criticar sucesos o acontecimientos o cosas. Sin embargo casi siempre entiendo el punto.
Entonces, me parece que Coraline, como dices, es una historia sobre aquello que buscamos o que deseamos tener. Pero cuando tenemos ese objeto deseado, en este caso la familia, nos sentimos culpables, pues algo nos dice que está mal. Tal vez sea esa la angustia de la cuál hablas, la verdad, hasta yo me sentí angustiado en ciertas partes de la película, una película que, definitivamente no es para niños.
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